sábado, 6 de enero de 2018

Ikigai y la primera conversación de este Año Nuevo 2018

Hoy escribo en respuesta a una conversación que tuvimos con mi hermano Carlos y con un amigo, José Antonio Amunátegui, a la hora del desayuno, el primer día de este año 2018, mirando el mar desde una cabaña en Pichibudis, cerca de Iloca, en la Región del Maule.

Hoy escribo, también, porque me gusta escribir. Escribo para provocar y para compartir. Escribo para cumplir con una necesidad creciente y un compromiso definitivo que adquirí  -con lágrimas silenciosas- mirando las aguas y los volcanes de Puerto Varas, hace ya unos 18 meses.

Ahora escribo para superar las tentaciones y las distracciones y las confusiones, tan abundantes en este mundo que las redes sociales lograron achicar y contaminar, al punto que las minucias y las nimiedades aparecen como verdades grandes.

Después de tantos años de fascinación con el mundo occidental y sus atracciones tecnológicas-digitales, he descubierto lo que muchos ya sabían hace largo tiempo. Hay más profundidad, relevancia y trascendencia en el lado oriental del planeta.

Observo cada día con más sorpresa y satisfacción que las atracciones sensoriales-afectivas generan corrientes positivas a nivel intelectual y espiritual. Escuchar más que hablar. Hacer más que decir. Oler más que escupir.

Y así -después de buscar y buscar conceptos, casi todos en japonés- llegué al Ikigai.
De acuerdo con la cultura japonesa, todos tenemos nuestro propio Ikigai. Nuestra razón de ser. Nuestro sentido de la vida. Nuestra energía vital para saltar de la cama cada mañana y disfrutar el día.
Nuestros chispazos de pensamientos y de acciones naturales y espontáneas. 



Con el Ikigai presente cada día, en cada conversación -aquí y ahora- se riegan y crecen nuestras flores internas. Y, claro, se marchitan y se esfuman los murmullos tóxicos, tan recurrentes en estos tiempos de frivolidades materialistas y egoístas.

Nos ha costado como sociedad el paso del siglo XX al siglo XXI. Nos ha trastocado valores y principios. Ha puesto en jaque a los políticos con sus discursos obsoletos y sus partidos desconectados. Ha obligado a los economistas a revisar sus modelos y sus predicciones. Y por supuesto, ha desnudado a todos los expertos en encuestas de opinión pública. Los ciudadanos-consumidores de hoy no dicen todo lo que piensan, ni hacen lo que dicen.

En cuanto al mundo laboral y a las estructuras crujientes de organizaciones y empresas, mientras antes nos demos cuenta que las jerarquías serán reemplazadas por redarquías, mejor para todos. Para los antiguos jefes y para los disciplinados funcionarios que cumplen tareas repetitivas. Aprender a trabajar en red -conectados y comunicados- es el paso previo para luego, muy luego, aprender a compartir con robots. Será interesante la amalgama de la -supuesta- inteligencia colectiva de los seres humanos con la -amenazante- inteligencia artificial de las máquinas que están aprendiendo, muy rápido, a pensar y a hablar. 


Mientras tanto, en los vaivenes de las rutinas cotidianas, en reuniones de trabajo, o cuando leo el diario, o cuando veo las noticias, o cuando escucho a los comentaristas o cuando trato de seguir conversaciones online, prefiero dejar un momento para tomar un respiro profundo.

Es esa pausa en la prisa, la que ayuda a mantener el sentido de equilibrio, la serenidad Ikigai

Eso es, por hoy.
Mañana seguiré escribiendo...

Mario Boada

1 comentario:

  1. Interesante reflexión querido Mario. Humberto Eco hablaba de la "invasión de los necios"... Decía que "la televisión ha promovido al tonto del pueblo... Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino.." Sin duda el mundo es mas peligroso hoy que ayer. Vivimos rodeados de superficiales ególatras que han amplificado sus falsas verdades con la confusa democracia que promueven las redes sociales, y peor aun, que gobiernan naciones y compiten por quien tiene el botón nuclear de mayor tamaño. Como si el tamaño importara a la hora del amor o del horror. Un gran abrazo amigo.

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